Son fundamentales para el manejo del sistema respiratorio y para ayudar a la recuperación de los pacientes. Los protocolos que pusieron en práctica.

Fuente: Clarín.com 29/03/2020 - 14:36

La escena ocurre en una sala del Hospital Oñativia de Rafael Calzada, en el sur del Conurbano Bonaerense. Es como un ensayo general. Hay médicos clínicos, anestesistas, enfermeros, pediatras. Forman una ronda alrededor de una mesa pequeña en la que están apoyados los elementos necesarios: guantes, tubos, cables, barbijos, una bandeja cargada de utensilios. También hay un proyector que va complementando la explicación con imágenes que se reflejan en una de las paredes. Los que hablan, los que marcan el camino, son los kinesiólogos.


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Esta semana, el ministerio de salud de la provincia de Buenos Aires llevó a cabo una convocatoria de personal adicional para los hospitales. Solicitaban 500 terapistas, 500 médicos generalistas y 500 kinesiólogos. “Esta última especialidad resulta clave cuando los infectados ingresan en etapa crítica y requieren tratamientos específicos para los pulmones y vías respiratorias”, explicaban.

En momentos en los que no hay tiempo y en espacios en los que cada detalle resulta imprescindible para evitar el contagio, los kinesiólogos ocupan un lugar central a la hora de abordar a pacientes que podrían estar infectados de coronavirus​.

Es por eso que en el hospital Oñativia elaboraron un protocolo a través del cual los kinesiólogos brindan a colegas de la institución una capacitación que incluye prácticas y simulación. Se trata de preparar a la mayor cantidad de personal médico posible para que pueda actuar en casos de emergencia. Prevenir en tiempos en los que ni lo especialistas se animan a establecer con seguridad cuándo se vivirá en Argentina el pico máximo de contagios.



“El curso empieza por lo más básico: cómo lavarse las manos correctamente, cómo ponerse los barbijos, guantes y antiparras; y también cómo sacárselos. Parece algo sencillo pero muchas veces, como está tan automatizado, se hace mal. Hay muchos profesionales que están infectados y lo primero que hay que evitar es eso”, subraya Patricia Engardt, jefa de servicio de kinesiología del Oñativia.

Y de lo más básico se llega hasta lo más complejo.

A la hora de asistir a un paciente en terapia intensiva “la secuencia de intubación para alguien que está grave, en este caso un paciente con coronavirus, tiene que hacerse en menos de un minuto”, explica Engardt. Y subraya que “es determinante la sincronización, agilizar el proceso y mantener los sistemas cerrados para no contaminar el ambiente”.

Sobre la marcha, tanto los centros de salud como los propios médicos debieron adaptarse a la pandemia. En el Oñativia, por ejemplo, montaron un circuito especial desde la entrada al hospital. Cuando llega un paciente le preguntan los síntomas. Si tiene fiebre, accede al centro de salud por un camino determinado. Si presenta otra patología, entra por un lugar alternativo.

“Aprendimos de los errores de Asia​ y de Europa –admite la directora del Hospital, Carolina Ricci-. El éxito ahora consiste en prevenir lo que va a pasar. Por eso hay que capacitar a los médicos que no están acostumbrados a trabajar en casos de alto riesgo. Inclusive a los residentes que quizá tengan que operar a un paciente con coronavirus. Es un aprendizaje sobre la marcha y surgen preguntas de todo tipo. Capacitar a enfermeras, clínicos, desde lo más básico que puede ser cómo sacarse un guante a los más complejo de cómo conectar correctamente un respirador”.



Con diferentes protocolos, la capacitación se replica en hospitales de Ciudad y Provincia. Javier Farina, especialista en Neumonología de la Sociedad argentina de terapia intensiva, destaca el trabajo interdisciplinario que debe coordinarse para tratar a un paciente con un cuadro grave y afirma que “los kinesiólogos son fundamentales para el manejo del sistema respiratorio” en un caso de coronavirus. En el Hospital Mariano y Luciano de la Vega los kinesiólogos también están capacitando a médicos con otras especializaciones para efectuar las maniobras necesarias para responder ante la emergencia.

“Sentimos que el momento está acercándose”, coinciden ante la consulta sobre qué panorama debemos esperar para los próximos días.

“Los kinesiólogos adquirieron hoy un rol determinante –remarca Ricci-. En el hospital Italiano donde también trabajo hace 20 años que los kinesiólogos entran en terapia intensiva. Pero en los hospitales públicos y más los de Provincia eran reticentes; los terapistas no querían. Eran los enfermeros quienes se ocupaban de todos los cuidados de los pacientes. Después, cuando se dieron cuenta de todos los beneficios que le da a un paciente la presencia de un kinesiólogo, ya sea para liberar los conductos nasales, mejorar la respiración, incluso la postura, fueron ganando un merecido protagonismo”.

En este sentido, Darío Villalba, coordinador de docencia e investigación en la clínica Basilea y kinesiólogo en el hospital municipal de Chivilcoy marca un déficit a nivel nacional que genera alarma. “Somos muy pocos los kinesiólogos especializados. Una cosa es Capital Federal y otra muy diferente es el Interior. Para contar con la capacitación y atender casos respiratorios críticos hace falta cursar un posgrado. Acá en Chivilcoy estamos bien, somos dos. Y cumplimos con lo lógica de que haya un kinesiólogo cada 8 camas. Pero en otras ciudades no hay ni siquiera uno. Ahora se está trabajando contrarreloj por la pandemia. El Cemic está brindando formaciones cortas y en video para que al menos los médicos cuenten con las nociones básicas”.

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